lunes, 13 de mayo de 2013

¡¡ MIRA !!



Esta mañana cuando salí de mi casa aunque era muy temprano y se esperaban temperaturas de más de 32 grados a las doce, que para mí es un calor sofocante. Hacia fresco. 
Alguien podría decir que frio, porque vi chaquetas y jerséis puestos, pero para mí es un fresco reconstituyente y confortable, hace que me sienta bien e incluso más libre, algo que puede ser una tontería, pero me gusta el frio, despiertas mis sentido.

Al contrario de lo que les ocurre a la mayoría de las personas, cuando llega el otoño a mi me inyectan vitalidad, no me deprime y cuando mi letargo estival se aleja, empiezo a vivir.
Jamás he dejado de realizar alguna actividad o aplazar algún viaje por el frio o el llamado “ mal tiempo”, pero el calor ¡uf! El calor me anula la mayoría de mis planes, estoy en letargo, creo que hasta las neuronas se toman su tiempo para reaccionar.

Claro que aun me queda coger el resfriado típico de todos mis veranos. Que mezclado con la alergia que tengo a dos tipos de plantas y que donde vivo están por todas partes, hace que tenga los ojos rojos y en casos más extremos sinusitis.

Me llevo todo el día con el botecito de lagrimas artificiales, a esto se suma que cuando me ven con los ojos rojizos me preguntan : ¿qué te pasa? – nada, contesto. Es alergia.

¿Tú eres alérgica, a qué? , como si para padecer alergia hubiese que ser un tipo determinado de persona y tengo que dar mi propio diagnostico, lo cual conlleva las siguientes preguntas de mi interlocutor, ¿desde cuándo?, ¿a qué?, ¿qué tratamiento tengo? , ¿no te vacunas?, ¡no! de vacunas ni hablar – respondo. 
De forma que cuando esto ocurre y me miran a los ojos , al preguntarme: ¿qué me ocurre?, solo digo que me molestan las lentilla y ahí queda el asunto.

Hoy es de esos días, tengo todos los síntomas y además la cabeza como un “tambor”.
Tomo un café y los medicamentos y me dispongo salir para el trabajo. Por eso este fresco me sienta tan bien. A las diez y media o a las once desayunaré.

Pero hoy vuelve a ser un día especial, pero que muy especial. Recojo un libro de relatos. No es un libro dirigido al público, va dirigido a un solo público.

Dentro de poco es el cumpleaños de alguien que quiero mucho, cumple siete años y aunque no es de mi familia, para él y para mi, como si lo fuésemos. Le conozco desde que nació.

Pues ya tiene siete años, por Dios como pasa el tiempo. Siempre he mantenido contacto con él y nos queremos mucho. 
Cuando vienen a la hora de irse, me pide que lo despida desde la azotea, me dice adiós varias veces con la mano y cuando está algo más alejado, siempre a gritos y pronunciando mi nombre, dice: “Hasta luego, Clara”, las personas que lo oyen lo miran y después miran a quien va dirigida la voz y sé que eso le hace sentirse importante, pero a mi más. Me agrada que sepan que es mi amigo.

Es un chico muy peculiar, no le gustan las historias tradicionales, los cuentos convencionales, así que cuando me visitan lo primero que me dice al darme un beso, acercándose un poco a mi oído y muy bajito y despacio, es : ¡cuéntame una historia! Sé lo mucho que le gustan porque sus ojos marrones se iluminan, su boca no se cierra del todo, mantiene sus manos juntas y me mira fijamente, como si no quisiera perder ni una sola expresión de mi cara, cuando me paro un poco para darle énfasis al significado, es cuando lo veo parpadear y sonreír.

En todas las historias que le narro, me pregunta: ¿yo cuando salgo?, siempre le contesto lo mismo: en la próxima.
Sé que esto despierta su intriga y mantiene un nivel de interés elevado para la próxima visita. No le importa no formar parte de la historia, solo dice: ¡vaya! ¿cuándo tendré yo un cuento para mí? Me echo a reír y él me sigue.

A veces cuando voy a su casa me coge de la mano y mi nombre no es Clara, es: ¡Mira!, se lleva todo el tiempo diciéndome ¡mira, esto!, ¡mira, aquello!, ¡ven, mira!, ¡mira, ¿te gusta?!...Me lo quiere enseñar todo, todo lo nuevo y todo lo antiguo que yo no haya visto y con tanta ilusión que me emociona verlo tan feliz, me transmite su inocencia y su cariño.

Se siente feliz, pero no sabe que yo lo soy mucho más al verlo así. Me gusta saber que me espera impaciente hasta que nos volvamos a ver. La madre es compañera de trabajo y dice, que pregunta cuando voy a ir.

Hace algo más de un mes, una Fundación para la Infancia me brindó la oportunidad de colaborar con ellos con varios relatos y yo encantada. Por los niños todo lo que sea, se lo merecen todo, lo mejor del mundo para ellos… son niños. 
Pienso que si crecen con mucha ilusión vivirán con algún rastro de ella. 

La sociedad y los problemas que ésta hace que creamos que tenemos, hará que con el tiempo parte de esta ilusión se vaya. Pero quiero creer que algo de ella quedará.

Después de imaginar varios regalos para él, se me ocurrió, que el mejor sería un libro de relatos inéditos, todos y solo para él, donde fuese el protagonista de todas las historias y me puse manos a la obra.

Un solo libro, un único ejemplar para él, nadie más lo tendrá. 

Hablé con un editor amigo mío y dijo que haría lo posible pero que al ser uno solo era difícil, que lo más lógico serian mínimo veinticinco, pero como la lógica nunca ha regido mi vida, pues dije que solo quería que hubiese uno. Hace una semana me llamó diciéndome que sí, que lo había conseguido. Y estoy feliz.

Le he escrito cuarenta historias, donde él solo, luchará con dragones, descubrirá nuevos mundos jamás imaginados, será el superhéroe de un universo no descubierto aun, cruzará mares que ningún hombre sabe que existen. Será desde el más humilde escarabajo descubriendo mundos no vistos a los ojos humanos, hasta la roca más vieja que lleva una eternidad mirando el Atlántico y conoce todos sus secretos.
Lo he ilustrado con mis propios dibujos, se que le gustan.
Se lo he dedicado y lo he titulado: “Los relatos de Mira”, tenía que poner un autor y solo he puesto: Tu amiga Clara.

Realmente es mi amigo y uno de los más importantes que tengo. 

Pienso que este niño podría estar horas y horas oyéndome hablar sin parpadear, todo lo que le cuento tiene interés y cuando omito algún dato me pregunta… y me pregunta, hasta que llega a la esencia de lo que quiere saber. Ninguna persona de mi edad me ha prestado nunca tanta atención. 
Él, me recuerda a mi infancia, donde todas mis preguntas siempre tenían respuestas.

Esta tarde recojo el ejemplar y el sábado se lo entrego.

Me ha dicho varias veces, cuando es su cumpleaños pero he hecho como… que no le daba  mucha importancia, cuando en realidad lo tenía ya todo planeado.

Será una gran sorpresa para él, pero para mí ver su cara… será de esos momentos que se me graban.

El alma debe ser como un cuerpo todo tatuado por momentos importantes, pero siempre cuando hay otro, no se borra ninguno solo le hacen espacio a uno más.
   
Me imagino que por eso se dirá que es, infinitamente inmensa.

miércoles, 8 de mayo de 2013

TRAYECTO CORTO



Hoy día completo pero lleno de emoción. Después del trabajo iré a ver un nuevo miembro de la familia, ha nacido la hija de un familiar por parte de mi padre son de esos parientes tan lejanos que casi se pierden en el tiempo, pero que siguiendo la línea generacional les conozco.   
Me parece que soy uno de los únicos de mi familia que siguen esas amistades tan lejanas. Me conocieron hace mucho tiempo en un evento de los que hay que ir por compromiso, de esos que tenemos todos y que si no vas está mal visto.

Desde entonces creé con ellos un lazo de amistad especial y sin saber por qué siempre han contado conmigo para celebraciones y casos especiales y yo encantada de que así sea. Mis familiares cercanos saben de ellos por mí.

Me han invitado al bautizo, pero seguramente no podré ir a la ceremonia religiosa así que prefiero conocerla ya. Estoy impaciente.

Tengo ganas de ver su carita y sus ojos de vida nueva, expectante ante un mundo tan usado. La sensación de tener  a un recién nacido en los brazos es lo más hermoso que jamás he experimentado. Huelen a vida y a esperanza; además, llevará mi segundo nombre y me hace ilusión.

Mi segundo nombre viene por parte de la familia de mi padre, concretamente es de mi abuela y ella lo llevaba por la suya y así… de manera que el nombre se quedó en la familia. A veces pienso que debí haber continuado la tradición, pero por otro lado si una tradición no se corta se convierte en obligación perpetua y quien que no la sigue es “raro”. En este caso soy yo.

Le desearé todo el amor y el bien del mundo y cuando la tenga en mis brazos se quedará ese instante grabado en otro de los muchos rincones que tiene el corazón.
Igual que esos momentos que no se pueden ir de nosotros nunca, porque los hemos vivido tan intensamente que se pegan a ti para siempre y cuando los recuerdas sonríes sin darte cuenta y sin importarte donde estés.

Salí del trabajo y me dirigí a una estación de tren que hay cerca, tomaría un cercanías que me dejaría en la estación principal y allí el A.V.E que en poco más de una hora me llevaba a mi destino.
Lo tenía todo preparado, solo un bolso de mano, únicamente podía estar esa tarde y media mañana y de vuelta a la vida rutinaria.

Llegué a la estación, esperé un poco y llegó puntual como siempre. Al subir me acomodé en uno de los asientos paralelos al vagón de forma que las ventanas quedaban a nuestras espaldas.                           Dije: ¡hola! la mujer y la niña que iban me lanzaron una sonrisa en señal de saludo que correspondí.

Me situé al lado de la madre, pero observaba como la chiquilla me miraba por el cristal de la ventana de enfrente, esperé a que el tren entrase en el túnel para quitarme las gafas de sol, abrí el bolso y saqué un estuche, pero sin dejar de ojear el cristal que al entrar en el túnel se convirtió por arte de magia en un gran espejo. 

Ella no dejaba de mirarme y sin decir nada arqueé un poco las cejas sonriendo levemente y para mi asombro, la pequeña me entendió y me mandó un ¡hola! mudo, que leí en sus labios.

Sabía que yo le producía curiosidad, me miraba una y otra vez, esperaba a que yo mirase algún sitio para seguirlo ella con sus ojos.

Pasé la mano por mi flequillo e hizo lo mismo, me miré las uñas y también me imitó. Ella sola había inventado un juego y me arrastró como a un niño pequeño a continuarlo, era divertido.

Iba haciendo cosas para que yo al igual que ella la emulase, se tocó la frente la seguí, puse la mano en mi cuello lo copió. Pero todo lo hacía con mucho disimulo, como para que nadie pudiese entrar en ese juego tonto e imprevisto. Creo que a las dos nos aburría el tren.

Me fijé y la mayoría de las personas iban mirando al infinito o con los teléfonos, unos mandando mensajes, otros con música los que más tonteando con él. Estaban serios, eran seres “adultos y pensantes” inmersos en  sus propios problemas, ajenos a la vida que fluye a su alrededor. Si alguien se hubiese fijado lo más seguro es que creyese que la niña y yo, éramos insignificantes.

Las dos sabíamos que ese juego se acabaría pronto porque el tren saldría del túnel y al volver el sol el espejo mágico desaparecería, así que esos poco minutos los íbamos a aprovechar.

Cruce las piernas y lo hizo, igual que me imito cuando puse la mano en mi rodilla.

Salió el tren del túnel y comenzamos a reírnos las dos, ella fuerte yo sin poder hacerlo porque soy adulta y se supone que no debo ser natural, si no los “seres pensantes" me mirarían mal, pero en mi interior me reía más que ella.

Llegó mi parada y me bajé, esperé un momento en el andén a ver si miraba por la ventanilla y lo hizo, se reía y me decía adiós, cuando el tren se puso en marcha me lanzó un beso con la mano. Ahí fue cuando ya no pude aguantar la risa y comencé a reír más fuerte, un señor que pasaba por mi lado me miró y hasta volvió la cabeza para ver si seguía riéndome, no sé... que le pasaría por la cabeza, pero no me importó.

Quizá había intentado ese juego con mas personas y nadie la siguió, solo era una niña pequeña… creerían que era un ser “no maduro”. 

Había sido un trayecto de lo más ameno y entretenido.

Tenía que tomar las plataformas deslizantes para cambiar de vía y en ese recorrido, pensé: "prefiero que me recuerden por la alegría de mi risa y no por el llanto de mis penas".

Seguramente y con suerte, esa pequeña cuando creciese no se haría un ser taciturno y obtuso como la mayoría de los de iban en el vagón.

Había tenido la creatividad de inventar un juego y arrastrarme a mí con él. 

Mentalmente en la distancia le devolví el beso y la felicité.

viernes, 3 de mayo de 2013

¡¡ UF !! QUÉ PESADA



Vivo en una tierra alegre, sé la imagen que proyectamos hacia el exterior relacionada con nuestro carácter, lo he visto desde afuera, pero la culpa no es nuestra es del clima.
No es lo mismo quedarte en casa con 1 ó 2 grados bajo cero, que hacerlo con 25 ó 26 grados sobre ese mismo cero. Este clima nos echa a la calle y la mayor parte de las veces con la botellita de agua a cuestas.

Aquí cuando hace 25 grados  (usamos escala “Celsius” no “Fahrenheit”) ya estamos diciendo: ¡Qué calor, por Dios! y la frase que sigue es….¡Y todavía no ha llegado lo peor!, lo peor son los 45 ó 46 grados o más a los que se llegan en los meses de Julio y Agosto -según la zona. Es un calor sofocante, cuesta trabajo respirar, así que lo mejor es intentar alejarse de la ciudad, de los coches y del calor que desprenden todos los aires acondicionados hacia las calles.
Yo que no me considero “urbanita”, la ciudad lo imprescindible, procuro cualquier hueco de mi vida diaria para intentar escapar de ella pero cuando esto no es posible, los parques y jardines son mi gran debilidad.
Soy mujer de a “pie”, o sea que donde puedo ir con mis pies voy, siempre he pensado que no hay distancia por muy lejos que esté para que mis pies no se decidan a seguir la ruta.

Hace algún tiempo salía con una amiga a caminar, pero llevábamos ritmos distintos de zancadas y cuando me daba cuenta iba caminando yo sola y ella me seguía a unos ocho o nueve metros, así que dejamos de andar juntas, pero seguimos siendo grandes amigas.

Cuando camino y no me refiero a pasear, me gusta hacerlo sola o con alguien que sea más alto que yo esto tiene una fácil explicación: al ser más alto su zancada es mayor y me obliga a ir más ligera una vez que tomo el ritmo del paso, egoístamente me olvido de quien viene conmigo y lo continuo, pero no pasa nada ellos lo saben.

Imprescindible en estos eternos recorridos, para mí, después de la protección solar correspondiente, son: cabello recogido, gorra, ropa ligera, zapatillas de deporte, gafas negras, cascos, música y mi inseparable botella de agua. La música es una de las cosas más importantes, según el tipo que lleves así será tu paso, toda la que me pasan amigos y amigas que tenga ritmo la llevo encima, además me gusta oírla fuerte, bastante fuerte que me haga vibrar y sentirme viva, de forma que cuando tengo que cruzar alguna avenida apago el volumen, más que nada por mi seguridad.

Las zapatillas también es algo importante, suelo tener varias y dependiendo de la estación del año y del pensamiento de mi recorrido uso unas u otras, las mejores son las que están más usadas, unas buenas zapatillas de deportes no tienen por qué ser caras o de una marca determinada. En mi vida he destrozado ya algunas por no decir bastantes y nunca han sido de esas marcas que anuncian los famosos, solo tienen que tener una buena suela flexible y comodidad en el pie. Es un deporte barato que lo recomiendo todos los días varias veces. 

Cualquier pantalón cómodo, una camiseta y a patear kilómetros que es muy sano y muy barato…de momento.

Si tuviésemos esto como una práctica habitual, la mayoría de los medicamentos no tendrían razón de ser comercializados.
Mi botiquín, cree la gente que está lleno de “remedios santos”. 
Esto lo menciono porque los vecinos que me conocen, muchas veces vienen a mí para que les de una u otra cosa y desde aquí les digo que yo no soy una compañía farmacéutica que solo tengo en mi casa, lo siguiente:

Dos tipos de analgésicos. 
Un paquete de vendas y gasas.  
Un antihistamínico.                                                               
Y un desifectante de una marca muy conocida.
Y cuando vienen y saco la caja de zapatos donde lo guardo todo, en el cuarto de aseo que nunca se utiliza, se me quedan mirando. Me parece que esperan que saque un carrito con instrumental quirúrgico.

Es cierto queridos vecinos, eso es lo que tengo en mi casa, para casos excepcionales están los médicos en sus “Consultas” y las Urgencias…¡vamos digo yo vecina!

Esta señora en especial, es increíble, a veces viene a mi casa porque dice que no me vio el día anterior, cuando a lo mejor hace una semana que llevo fuera, pero siempre necesita una indicación médica o algún medicamento. Yo me ofrezco amablemente a llevarla a Urgencias, más de una vez lo he hecho, pero ella dice que no quiere ir porque lo primero que le hacen es una Analítica.

Si esta señora me dejara que se lo explicase una vez…tan solo una vez, sin interrumpirme, sabría que la Analítica es lo que hace que el médico vea lo que no va bien por dentro y que es imprescindible para un diagnostico “ casi “ certero. Pero cree que yo la puedo llevar a Urgencias con privilegios para ella y esto no es así, solo puedo aligerar muy poco el trámite diciendo que es una persona mayor y que se encuentra mal, vamos lo que diríamos cualquiera. 

Señora, creo que usted es de las pocas personas que a las cuatro de la mañana se despierta, ya sin ganas de dormir porque se acuesta a las nueve de la noche y piensa que tiene un dolorcito muy leve, en el costado derecho a la altura de la cintura, espérese un ratito más en la cama a ver si Morfeo quiere visitarla de nuevo, que yo estaba recién acostada cuando usted, esta madrugada llamó a mi puerta para decirme que si ese dolorcillo podría ser un principio de “cólico nefrítico”. 

Me parece que usted sabe más que yo de medicina, no sería yo capaz de hacer un diagnóstico tan rápido y eficaz como el suyo. No todos los leves dolorcillos a esa altura indican un cólico nefrítico...creo.

Sinceramente no lo sé señora -dije-  medio dormida. Hay que hacer una analítica. Eso ni pensarlo, me contestó. Dame algo para el dolor, si quieres…¿vamos? Subí arriba y baje con la caja de zapatos, me entró ganas de decirle: “sírvase usted misma”, cuando la abrí, me miró con los ojos más grandes que de costumbre y se apresuró a preguntar: ¿esto es lo que tú tienes en tu casa? ¡Sí! – contesté- ¡Esto! y a las cuatro y veinticinco, muerta de sueño, va la mujer y me dice: ¡yo en mi casa tengo de todo, ven y me dices que me tomo!

La vi arreglada y algo maquillada. No fui a su casa, pero le pregunté: ¿qué hace a esta hora tan compuesta?, era por si “NOS” teníamos que ir a urgencias- respondió.

Mi prudencia hizo que respirase varias veces más profundo de lo normal, como cuando necesitas controlarte porque sabes que lo que vas a decir puede hacer que te arrepientas al poco tiempo, le insinué claramente: usted vaya adonde quiera, si quiere le llamo un taxi, pero yo me vuelvo a la cama.

Creo que se molestó, porque con mucha ironía me preguntó: ¿estuviste anoche de fiesta?, la vecina me estaba poniendo de muy mal humor y sé que esto me desvela.

Miré a mi perro que seguramente había despertado con sus potentes ladridos al resto de la humanidad, pero se que en sus ojos siempre encuentro una mirada de compasión, entendimiento y ternura hacia los demás.

Me eché a reír, ella siente inquietud por saber mi vida, es una de las personas que dicen por ahí que soy “algo extraña”, simplemente porque mi vida es mía, solo tengo una y la vivo como quiero. Pero es una persona mayor y me da igual lo que diga, creo que su vida le aburre desde hace más tiempo que los años que tengo yo.

Abrí la puerta elegantemente y la sostuve entreabierta invitándola a pasar por el arco que se formó a la altura de mi brazo alzado, al sostener la hoja. Pasó y se fue…me parece, que se le olvidó decirme adiós y darme las gracias una vez más.

Señora, las palabras “por favor” y “gracias” son de aquellas que enriquecen cualquier idioma.

Un “por favor” puede abrir el corazón más duro y sacarle una sonrisa y dar las “gracias” hace que la persona a las que van dirigida, la tenga a su disposición en cualquier otro momento. Yo le aconsejo que practique y si le cuesta mucho trabajo hágalo delante de un espejo como los grandes actores, practican sus frases fuertes en un guión. 
Las utilizo todos los días montones de veces y créame no tienen contraindicaciones.

Le devolví la mirada a mi perro que me la sostuvo por unos instantes, al acariciarlo cerró los ojos, inclinó un poco la cabeza y la apoyó en mi rodilla, creo que él también estaba dormido.

Descolgué el teléfono y me acosté pero ya no pude dormir, Morfeo decidió que tenia cosas mejores que hacer.



Este relato es para esa persona, que cuando enciende su ordenador mira a ver si he publicado algo, es capaz de leer muchos de una vez y vive en:

Ottawa---Ontario—Canadá.


miércoles, 1 de mayo de 2013

SOY MOCHILERA...¿Y QUÉ?



Volvió a mirar la fotografía y como cada día pasó la mano suavemente solo con la yema de los dedos para no estropearla, quería tenerla hasta que sus sueños se realizasen, siempre pensaba lo mismo cuando hacia ese gesto, diciéndose para sí: ¡pronto te veré!

Tenía cientos de postales de todos los lugares que tendría que ver algún día, pero ese lugar era muy especial para ella, en su interior sabia que llegaría. Y ese lugar y otros muchos más lejanos fueron llegando poco a poco, cada uno a su tiempo.

Cuando éramos estudiantes, como todos los estudiantes que tienen un nivel determinado de conocimientos en algunas de las materias que trata, intentas dar clases particulares o buscarse un trabajillo. Es importante buscar un dinero extra para los propios gastos, que en mi caso eran muy pocos. Soy del grupo de los que necesitan poco. 

A mí que me den bolígrafos, bastante papel y libros y que me manden a una isla que seré la persona más feliz del mundo, todo lo que vaya necesitando lo iré buscando como sea y como inventiva no me falta, pues todo solucionado. Pero esto las personas que estaban a mi alrededor no lo consentían y menos mis padres… cuando vivía con ellos, pues me dediqué a viajar a lo “pobre”.

Recuerdo en aquella época tener siempre la mochila preparada, había cosas que nunca salían de allí. Como en la de mis amigos, éramos todos muy perecidos a la hora de pensar en ciertos temas.
Me hicieron responsable, independiente y libre, pero con estas tres ideas que me inculcaron también entró en mí la rebeldía. 
No me conformaba ni aun hoy me conformo con situaciones que veo, antes las combatía solo con esa rebeldía descontrolada de la juventud, ahora lo hago con inteligencia que es el mayor arma que tiene el ser humano. Y ahora comprendo que estos sentimientos son la mejor herencia que me han podido dejar mis progenitores. 

Éramos un grupo de amigos tan iguales, que cuando nos reuníamos arreglábamos el mundo en un momento y siempre había alguien que terminaba diciendo, cuando llevábamos un tiempo de debate: “si todos pensásemos así, el mundo sería distinto, sería feliz” esta era la frase que ponía punto y final a los problemas del mundo. Porque realmente era lo que pensábamos todos.

Esa rebeldía aun hoy día me trae problemas y cuando alguien no tiene argumentos para rebatirla te dicen en tono no muy gradable…”rebelde sin causa”…”abogado del diablo”…”eso no sirve para nada”…”no te metas en líos”…”¿qué necesidad tienes, tú?... ”hay más gentes para eso” etc. Son frases que aun hoy las sigo oyendo y van dirigidas a mí, pero me importan tan poco como en aquella juventud. 

La rebeldía no es un estado de ánimo subjetivo es un estado del alma y ahí poco se puede cambiar.

Es cierto que en mi época de universidad me metí en algunos problemas, pero esto hizo que me diese cuenta que ser rebelde no es solo gritar sin causa sino con argumentos.

La “pluma” puede ser más rebelde que el grito más fuerte jamás pronunciado por nadie.

Pero me da igual, si es lo que siento es lo que hago. Y por otro lado nadie tiene que saber lo que hago, cada uno lleva su lucha, sus ideales y su propia vida a su manera.

Pues sí, mi mochila la cargaba tanto y aprovechando tanto cada hueco que no había sitio ni para un poco de aire dentro de ella. Mi madre se encargaba de llenarme los poco huecos que quedaban con montones de barritas energéticas, siempre me decía que eran para alguna emergencia. Cuando había que echar mano de estas barritas, que era siempre, también descubría que en mi ausencia había metido algo de dinero que no me daba en mano, porque sabía que no lo hubiese admitido y así fue, nunca lo gasté, pero las barritas se las agradecimos todos más de una vez.

Íbamos varios amigos, el padre de una compañera nos recogía de casa en casa. Hemos llegado a meternos en un mismo coche siete personas, dos mochilas y el conductor las mochilas restantes iban en el maletero, bueno el coche era algo grande en verdad. Nos aparcaba a todos como él decía, en el medio de transporte elegido, ya fuese tren o autobús. El avión era privativo para nuestra economía.

La forma de elegir el sitio era muy fácil, cada uno decía el lugar preferido por él, siempre dentro del territorio nacional, no había presupuesto para grandes viajes.
Una vez elegido, poníamos el dinero que habíamos conseguido con los trabajillos extra y que todos los meses depositábamos en la hucha que tenía un compañero en su casa. 
El estudiaba Ciencias Económicas y por eso lo elegimos por unanimidad, no tenía nada que ver la carrera suya, pero la madre solía poner algo en ese bote y él mismo decía que era más rentable.

Con el dinero en un lateral del mapa abierto, sobre la mesa del comedor de casa de mis padres, íbamos haciendo cálculos, nada de lujos, pocas salidas nocturnas, mucha naturaleza y por supuesto nada de comer afuera, lo que comiésemos lo teníamos que prepara nosotros mismos, ya fuese en camping o en campo con tiendas. Eso sí, siempre dejábamos un tercio del dinero para una emergencia, pocas veces se tocó ya nos preocupábamos nosotros para que no hubiesen emergencias, porque así ese dinero volvía a la hucha para la próxima escapada.

Se señalaba en el mapa con lápiz el sitio al que quería ir cada uno e íbamos descartando los más lejanos, no había presupuesto. La forma de ver los más lejos, aunque pareciesen cercas el uno del otro era con una regla, no por kilómetros que sería lo mas lógico, nosotros utilizábamos una regla. Se ponía en el punto de partida y se medían los centímetros hasta el punto elegido por cada uno, íbamos apuntando y según el dinero que tuviésemos ahí se iba. 
La mayor parte de estos viajes o escapadas los hacíamos aquí en Andalucía mi comunidad autónoma, nunca nos daba el dinero para más, esto ha hecho que conozca muy bien el lugar donde vivo.

Mi única condición, que no siempre se podía cumplir, era que tuviese agua pero al final me amoldaba a la mayoría, eran mis amigos y sabía que no todos tenían mis gustos. Así que casi siempre era alguna ciudad, pueblecito o sierra.
Aquí empezó mi afición a las fotografías de cosas poco importante para muchos. Mientras algunos hacían panorámicas, yo hacía fotos de plantitas, trozos determinado de algún árbol, hojas, tierra, algo que me llamase la atención, etc. Que después las utilizaba para forrar mis carpetas. No tenía grandes ni espectaculares fotos de los lugares, tenía trozos de mis lugares.

Las fotos del grupo siempre era mi amiga María la encargada de hacerlas, nos sacaba a todos monísimos… éramos jóvenes, también hay que decirlo y en general todos los jóvenes son guapos. Ella llevaba siempre un trípode, que cuando se cansaba de transportar en un lugar de su gran mochila, nos lo daba a alguno de nosotros . No concebíamos un viaje sin María y su trípode plegable, decía que entonces ella no salía en las fotos de grupo y que si las hacía otro siempre faltaría alguien, por este motivo el trípode era uno más de los viajantes.

Nada de eso se ha perdido en nosotros, son mi grupo de amigos con los que a veces me reuno charlamos y tomamos café algunos viernes por la tarde y con los que comparto algunas aficiones y muchas ideas.

Ya no salimos con mochilas, ni tenemos una hucha, pero una de las cosas más importantes que no hemos perdido es nuestra forma de pensar.

Como siempre el alma es la que nos roba lo mejor que hay en nosotros, para que nunca olvidemos lo que fuimos.