Siempre utilizo este trayecto hasta mi medio de transporte
para pensar.
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Desde que recuerdo, he sido siempre muy curiosa, llegando a ser esto algo inherente a mi personalidad. Cuando era pequeña, pensaba en lo que piensan todos los niños, cuando se dan un día cuenta de la realidad que los rodea y de la que de una manera u otra forman parte.
¿De dónde vengo? ¿Quién soy yo? ¿Cómo he llegado aquí? ¿Existía el mundo antes que yo naciera? ¿Qué hay cuando no hay nada?. Como si nosotros fuéramos el “alfa” y “omega” del universo.

A edad temprana supe todo lo referido a la vida y a la
muerte, de forma tan natural, que no supuso ningún trauma saber que mi tiempo
era finito y que tendría que vivir cada segundo de él sabiendo que había estado.
Recuerdo ya de adolescente las interminables charlas con mi
padre, hasta altas horas de la madrugada. Hablábamos sobre todo lo divino y lo humano,
lo posible e imposible e incluso sobre
lo finito e infinito del universo.
Sé, que esté donde esté y aún no pudiendo leer lo escrito, este
relato es para ti y que solo tu puede entenderlo.
Clara.
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