Hoy es
fiesta para mí. No tengo trabajo, ni transporte, ni sujeto de estudio, aunque
casi siempre sea yo misma. Hoy es domingo.
Me centro en
algo muy importante durante los últimos veinticuatro años de mi vida y espero
que sean muchos más. Aparte de mi trabajo, que aunque a veces reniegue de él,
muchas más veces me da satisfacciones personales.
Así fue como
empecé a conocer el mundo de la “Malacología” esta palabra, aunque rara solo
significa estudiar conchas de moluscos, más y sobretodo marinos que terrestres,
en nuestro caso.

Así me fui
introduciendo, en este apasionante mundo de la Malacología.
Esta afición
aunque no ha sido mía desde siempre, en el transcurso de tantos años, la he ido
asimilando y haciéndola cada vez más mía. Hasta el punto que en mi casa hay
vitrinas y vitrinas llena de estos ejemplares, por supuesto con cristales para
que las piezas no se estropeen.
Recuerdo el
primer viaje que hicimos en busca de una pieza, la traje todo el trayecto
conmigo en el avión, nada de facturar como el equipaje, iba conmigo. También
recuerdo, los gratos y alegres momentos de la estancia cada vez que la miro.
Este
sentimiento solo lo puede saber quien tenga una afición por algo. Hay personas
que coleccionan chapas de refrescos, latas de cerveza, monedas, sellos,
etc..aquí somos dos coleccionando conchas de moluscos marinos.
He aprendido donde se pueden obtener las
mejores piezas de aporrhais pespelecani (pie de pelicano), las charonias lampas
(caracolas) e incluso la difícil thaccheria.
Lo único que
se busca en esta afición, es la satisfacción personal que -pienso- ya es mucho.
Al final las piezas es lo de menos, lo realmente importante es la ilusión del camino para
buscarlas.
Donde la realidad se mezcla con la ficción... MUY BUENO
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