domingo, 30 de diciembre de 2012

LA CASA DE LOS POST-IT


Hoy creo que mis interminables energías se han agotado.
Me dirigí a mi transporte sin apenas ganas de ir a trabajar. Ya me pondré mejor pensaba mientras me subía.
 Y es que mi  afán por el agua me había pasado factura, el último día de piscina, las calderas se habían estropeado, después de darme la ducha correspondiente antes de entrar al agua, ducha que estaba helada. Creí, no sé por qué, que el agua de la piscina estaría a los 28º habituales, pero no era así, estaba fría como la nieve. Yo de naturaleza tozuda no quise salir , mientras mi compañero de calle lo hizo diciéndome: ¡sal de una vez, te vas a poner mala! Reí y seguí mi largo.
Por Dios que acertó, tengo la cabeza como un tambor de Semana Santa, ojos llorosos, con fotofobia incluida y malestar general, cosa que no hay que ser ni médico ni listo para saber que es un resfriado común.

Tomé un analgésico suave y me puse unas gafas oscuras, más que nada por la luz, me molestaba.
Metí mi mano en la chaqueta que llevaba y saqué un post-it arrugado.

Subí a mi transporte y comencé a pensar:

¿Por qué en mi casa se usan tantos post-it?
Los post-it o posit como todos los llamamos son esos papelitos amarillos o de cualquier otro color, que una vez que los has leído no sabes qué hacer con ellos y normalmente acaban en el bolsillo de un abrigo, chaqueta, cazadora o lo que en el momento de leerlos tengas puesto.

En mi casa los posit los personaliza cada uno y cosa extraña. Todos van dirigidos a mi.
Mi hija los firma con un corazoncito, mi hijo con su nombre y los de mi marido terminan con unas frases cariñosas que siempre me hacen sonreír.

A veces cuando tengo un día de descanso y me levanto algo más tarde, encuentro posit por todos lados.
Primero en la cafetera: no sé a la hora que llegaré a comer , el primero –vale, pienso.

Segundo en el frigorífico: si no vengo a comer te llamo - vale.
Tercero microondas: salgo antes, espérame y comemos juntos-vale.

Eso sí, todos con alguna frase agradable de coletilla.
Me hacen sentir extraña ¿saben los pasos que daré, recién levantada, tan obvia y tan predecible soy?

Con mi café en la mano me dirijo al comedor. Otro: no te olvides, a las cinco tenemos que estar allí.
Llega el momento en que los miro con indiferencia, los considero como semiordenes dadas en la distancia. Los quito del lugar en el que están pegados y los arrugo, metiéndomelos en el bolsillo.

Y yo me pregunto: ¿en vez de arrugarlos por qué no se los entregaré a cada uno para el próximo día que no trabaje? De todas formas saben los pasos que daré.
 ¿Y si un día me da por hacer la ruta por otro lado de la casa?, ¿qué pasaría? , ¿vendrían todos los papelitos detrás mia para que los leyera, uno a uno en fila?

Desde aquí os digo queridos y amados miembros de mi familia, que leéis esto, que existe un aparato mucho más refinado, cuyo descubrimiento muchos achacan a Graham Bell y que se llama teléfono.
Pero por favor, no abuséis de él, a veces cansa tanto o más que los propios post-it.

Os quiero.

Mamá

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