sábado, 15 de diciembre de 2012

MI DON QUIJOTE

Llegué a mi parada de costumbre, por Dios que de gente – pensé. Esperaba mi turno de subida, cuando un caballero alto y guapo en su juventud, abrió ligeramente su brazo derecho y tocando mi hombro izquierdo me invitó a subir, lo agradecí con una sonrisa,  que fue correspondida, no hablamos pero me agradó el gesto.

Al día siguiente, me apresuré para volverlo a ver.  Podría ser un sujeto digno de mi estudio. No estaba y me decepcioné. Subí a mi transporte y lo vi sentado junto a la ventana en el otro asiento había un maletín, que se apresuró a quitar cuando me vio entrar.  Con una mirada me indicó que ese asiento era para mí.

Aunque hago todos los días el mismo trayecto. Sólo lo veo los lunes y jueves, pero sé que él estará esperándome y qué como siempre me indicará,  con sus ojos de haber visto toda una vida, mi asiento a su lado. Nunca hemos hablado, pero sé que  él, es mi amigo.

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