domingo, 13 de enero de 2013

MI PEQUEÑO UNIVERSO



Estaba delante del fregadero absorta. Miraba  algo que aunque hubiese sido cotidiano y normal, en esos momentos me pareció un prodigio de la física.

Veía la fuente que se formaba como una perfecta simbiosis, entre el chorro del agua rebotando en la cucharilla de café que acababa de dejar. Era una unión perfecta, me asombraba . Imaginé que podría pasar, si ese efecto se multiplicase por mil.

Me hice varias preguntas, sobre la última llamada de teléfono que había recibido. No podía dejar de pensar en ella.

Temí cerrar el grifo porque dejaría de ver aquella maravilla. Tan simple y tan perfecta. Hubiese pasado así horas, me relajaba. Podía mirar al infinito a través del agua y seguía viendo el efecto.

Pensaba esto cuando salí de mi casa hacia mi transporte de todos los días. 

Subí y el asiento reservado por mi amigo, para mí, como siempre estaba disponible. Ya no nos saludábamos, nos mirábamos y sonreíamos, eso era suficiente, no teníamos que hablar, los dos sabíamos lo que significaba esa sonrisa, éramos tan amigos que las palabras no decían nada nuevo. Algo que en esos momentos agradecí.

De nuevo me abstraje.

Como una cosa tan simple había podido llamar tanto mi atención, hasta el punto de hacer que escriba sobre ello.

Hacía mucho tiempo que no me fijaba en esos detalles tan pequeños que son los más asombrosos y los más grandes, para mí.

Abrí mi bolso y estaba allí , mi cámara de fotos, nunca salgo sin ella.

Soy muy aficionada a la fotografía, pero no, como casi todos los amigos que tengo. Hacen muy buenas fotos del cielo, la luna el sol… a mí lo que realmente me gusta, es fotografiar cosas pequeñas, en las cuales veo que se esconde el verdadero universo. La vida.

Ver como la naturaleza, siempre vuelve a resurgir, aunque la maltratemos y la neguemos.

Mi motivo favorito para hacer una buena foto son las pequeñas briznas de hierbas que crecen justo donde el asfalto termina y comienza el bordillo de la acera.
Me parece increíble que a la temperatura que va el alquitrán para formar el firme de la carretera, pueda dejar algo para que nazca una nueva vida.

En las aceras también lo veo a menudo, entre las lozas. A pesar del cemento que las une, hay vida, se ve el verdor. Esto me reconforta. Me gusta. Me da esperanzas.

Siempre he creído que para ver el universo no hay que mirar hacia arriba, solo centrarnos en lo que tenemos a nuestro alrededor.

No tenía ganas de seguir en el autobús. Algo bueno tendría que haber en las calles.

Miré a mi amigo y supo sin decir nada que algo pasaba por mi mente, me sonrió sabiendo que me bajaba tres paradas antes.

Comencé a andar, recordando la fuente fortuita y de pronto vino a mi memoria las increíbles pompas de jabón que me enseñó a hacer mi padre cuando era pequeña.

Me sentía bien. La llamada no consiguió  hacer mella en mi ánimo.

Note que la gente me miraba.

Sin darme cuenta iba sonriendo sola.





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