martes, 22 de enero de 2013

TRANSPORTE DIARIO



A él me dirigía , como todos los días.  Hoy no me esperaba mi amigo, era miércoles así que tendría que ir de pie.

No me molestaba, pero esos días hecho de menos su amabilidad y galantería. Creo que en sus mejores años debió ser un donjuán, aun conservaba maneras de antiguo y amable seductor.

Mi objetivo  era apoyarme cerca de una ventana. Las mochilas de los estudiantes me molestaban. Poco a poco conseguí llegar hasta ella y una chica sonriendome se acercó un poco más a su compañero, así que estábamos los tres.

Me quedé mirándola sin que se diese cuenta. Había algo en ella que me recordaba a mí.

Larguirucha, algo pecosa, tenía una cara amable y por supuesto por la sonrisa que me dirigió, cuando vio que mi objetivo era la ventana, debía ser una persona que se tomaba la vida tal cual, a la que le gustaba reír aún de las cosas más simples.

Comencé a pensar en mí, a su edad. Cuando crees que nunca te pondrás a los pies del mundo sino que será él, el que siempre se inclinará hacia ti y lo podrás dominar solo con una mirada.

Fui estudiando poco a poco el trayecto de mi vida.

Los logros, que han sido muchos, las derrotas que no han sido menos. Las inquietudes, los desvelos, las preocupaciones…

Todas estas cosas, se iban amontonando en mi mente y fui entendiendo que todo había sido un plan, concebido por el destino y necesario, para llegar al momento actual de mi vida.

Quizá si algo de lo bueno o de lo malo hubiese faltado, yo no estaría en ese momento, en ese autobús, ni pensando lo que pienso mientras escribo. Y no hubiese visto a la chica que era yo entonces.

Mentalmente le desee lo mejor de la vida y que todas sus ilusiones se cumpliesen. 

Bajé varias paradas antes, recordando la felicidad que sentía a su edad.

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